El Mauritshuis saca a la luz 25 tesoros artísticos almacenados y explica por qué no los expone

JOSE ÁNGEL GONZÁLEZ

  • El museo de La Haya, hogar de ‘La joven de la perla’, ‘Lección de anatomía’ y ‘El jilguero’, carece de espacio para exponer gran parte de su colección.
  • ‘Dentro y fuera del almacén’ pone a la vista 25 grandes obras y explica por qué no se exponen: mal estado, tamaño demasiado grande, repetiones temáticas…
  • Dejan a los visitantes elegir por votación un cuadro a la semana para salir del depósito. El más votado tendrá un lugar fijo en la colección permanente.

Storage Mauritshuis: Mauritshuis, The Hague

Reabierto al público en junio de 2014 tras una larga y cuidadosa restauración de dos años, el museo Mauritshuis —en La Haya, la tercera ciudad de los Países Bajos— sigue creciendo de número de visitas y es, pese a su pequeño tamaño, uno de los destinos artísticos más suculentos de Europa continental. La responsabilidad la tienen el emplazamiento, en un coqueto palacio del siglo XVII, y algunas de las obras de la colección permanente, en concreto tres: Lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp, de Rembrandt; La joven de la perla, de Vermeer, y El jilguero, de Carel Fabritius.

Aunque no son los únicos tesoros de la pinacoteca —deben añadirse, por ejemplo, las 15 pinturas del italiano Giovanni Antonio Pellegrini del siglo XVIII en la asombrosa Habitación dorada, y muchas grandes obras de los maestros flamencos de la misma época y del siglo anterior—, parte de los fondos del museo están almacenados. El Mauritshuis es propietario de 850 0bras, de las cuales solamente 250 están en exhibición permanente, otras 150 se muestran en la cercana y asociada Galeria del Príncipe Guillermo V, 150 más están cedidas a otros museos y las 300 restantes permanecen almacenadas, lejos de los ojos del público.

El público ‘salvará’ un cuadro

En la muestra Hoogte- en dieptepunten uit het depot (Dentro y fuera del almacén) han sacado de los depósitos 25 pinturas para explicar al público las razones que justifican que no estén a la vista. La exposición, hasta el 8 de mayo, salvará del encierro a uno de los cuadros, el ganador de una votación entre el público que se celebra semanalmente —ya han elegido una para entrar en la ronda final: Fair on St Sebastian’s Day (Feria del día de San Sebastián, 1598), de Jacob Savery—. La obra que obtenga más votos tras las selecciones parciales será añadida de manera fija a la colección permanente.

Los responsables del museo consideran “una lástima” que los visitantes no puedan ni siquiera atisbar las piezas que están almacenadas y por esa razón han concluido que era buena idea sacar unas cuantas al exterior. Para dar mayor rigor al asunto, en cada caso explican las razones que motivan el encierro. Es una forma de mostrar lo que llaman la “parte invisible” de la pinacoteca y responder a la curiosidad del público sobre las obras de arte que no salen a la luz.

En algunos casos, los cuadros almacenados no tienen cabida en la colección permanente porque en ella ya hay obras de mayor categoría artística del mismo autor. El ejemplo más claro es el del paisajista Jan van Goyen, de quien el museo tiene ocho lienzos, sólo uno de los cuales es considerado por los responsables artísticos de suficiente calidad para estar en exhibición permanente. Cuatro obras más aparecen ahora en la exposición temporal.

Warhol, almacenado

La selección contiene algunas sorpresas: de Andy Warhol, un nombre difícil de asociar al Mauritshuis, se expone un retrato de la reina Beatriz,  comprado en 1986 simplemente para cumplir una norma no escrita que establece que los edificios públicos holandeses deben tener un retrato del jefe de Estado. La pieza no se expone porque rompería la línea museística y el estilo de la pinacoteca.

Otras pinturas, como una pequeña obra anónima que representa a Simeón y el Niño Jesús, nunca abandonará el almacenamiento, ya que “simplemente no es lo suficientemente buena”, dicen con sinceridad desde el museo. Otras no pueden visualizarse porque están en muy malas condiciones, como el  Portrait of a Man (Retrato de un hombre, 1653) de Karel Slabbaert que permaneció colgada en malas condiciones y durante muchos años en un museo de las Indias Orientales Holandesas, donde el clima extremo hizo que la pintura se agrietase.

25 retratos de militares

Las dimensiones y otros factores numéricos explican por qué algunas obras no están entre las permanentes. El ejemplo más claro que se muestra en la exposición son los nada menos que 25 retratos de oficiales militares, todos posando con el mismo gesto, del pintor Jan van Haya Ravesteyn, que se exponen todos juntos por primera vez desde el siglo XVIII.

A veces una compra célebre se revela con el tiempo como un error. En 1821 el rey Guillermo I adquirido una colección con obras de grandes maestros como Rafael, Tiziano y Velázquez. El patinazo real fue notable porque resultaron ser cuadros de muy baja calidad que el museo vendió todo lo rápido que pudo. Sólo se quedó con un retrato femenino que había sido atribuido por error a Rafael y ahora se considera anónima.

Demasiado grande para un museo pequeño

Otra de las consideraciones que explican el almacenamiento es la dimensión del lienzo. El museo fue concebido inicialmente como una residencia privada, por tanto carece de velos de pared son extensión suficiente para colgar obras de gran tamaño. A este caso pertenece el enorme Dead Swan (Cisne muerto, 1700-1719), de Jan Weenix, que mide casi tres metros por 2,5 y sería desproporcionado para la tónica general de piezas de mediano tamaño.

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